eva

 hay días en que se trata de sobrevolar el pavimento para no tener la sensación de aterrizaje forzoso a la molesta realidad del abandono. Un café rápido bien cargado en la mañana, una ducbha hirviendo, música, cigarros y una ardiente ciudad lujuriosa en deseo de contribuir con la necesidad de evasión. Esos días te hablan y puedes decir que sí a cualquier cosa, incluso darle la oportunidad al "amor" ya ceptar todo tipo de invitaciones a juntas y eventos y tener toda la disposición de ser el payaso animador, todo con tal de deshacerte un rato de la sensación de humanidad que aqueja. La sensación es la de transformarse en una máquina que produce y produce acción y tú no eres más tú sino una producción industrial de tí mismo desaforada. El riesgo es que no hay un umbral de producción y avance preciso, y el derroche de existencia puede empezar a tener un efecto gaseóso y comenzar a elevarte y elevarte cada vez más hasta lograr que sobrevueles incluso la ilusión de realidad y seguir hacia adelante con el ímpetu de un luchador que debe proseguir su éxtasis en medio de las neblinas hasta sentir que llegó a la cima de la gran montaña. avanzar y avanzar hacia algo inexistente,necesitando sentir que avanzas, pero como todo sigue en su mismo y preciso lugar, no hay mejor solución que movilizarse individualmente. Son muchas las ideas sociales, son tantas, que a veces hay que jugar a tener una especie de realidad a escala, como un globo terráqueo que permite tener al menos el control visual de todos los países. Uno de aquellos días acepté la invitación de un viejo amigo mío a tomar wisky. Estaba con otro acompañante que venía llegando de Inglaterra y tenía esa mueca de desprecio de los que creen que por estar llegando de Europa tienen el permiso de hablar y hablar y hablar de todas esas ciudades y tragos y personas que conocen, que por cierto a nadie le importan. Hay gente así y días así y conversaciones así.

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